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15/05/2006

 

Elena Escala Sáenz

 

La rasagilina mejora la función motora en Parkinson y retrasa la necesidad de terapia dopaminérgica adicional

El tratamiento con rasagilina, un inhibidor de la monoamino oxidasa-B comercializado por Lundbeck como Azilect, mejora los síntomas asociados a la enfermedad de Parkinson en etapas iniciales, alcanzando una tasa de respuesta del 70 por ciento, según han explicado José Obeso, profesor de Neurología de la Clínica Universitaria de Navarra, en Pamplona, y Eduardo Tolosa, jefe del Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Barcelona, en una reunión celebrada en Madrid.

La monoterapia con rasagilina, cuya comercialización acaba de ser autorizada en España, actúa impidiendo la degradación de la dopamina, mejora la función motora en pacientes con Parkinson en estadios iniciales y es eficaz como terapia coadyuvante en las fases más avanzadas de la enfermedad. Según los resultados de los estudios Largo y Tempo, la rasagilina reduce el tiempo off diario en una media de dos horas respecto a la situación basal y mejora la función motora de los pacientes que ya recibían tratamiento con otros fármacos.

Tratamiento adicional
El estudio Tempo analizó la eficacia de la rasagilina frente a placebo en 404 pacientes con Parkinson temprano durante 26 semanas de tratamiento. En una segunda fase, el grupo placebo pasó al de rasagilina para determinar el efecto del inicio retardado del tratamiento. Además de mostrar la eficacia del tratamiento, la extensión abierta de este estudio ha indicado que es posible retrasar el inicio del tratamiento dopaminérgico adicional. "A los dos años de tratamiento con rasagilina, el 50 por ciento de los pacientes no requieren la administración de otros fármacos, como la levodopa", ha explicado Tolosa.

Por otra parte, "la combinación de rasagilina y levodopa disminuye las fluctuaciones en la función motora asociadas con este último fármaco y que se caracterizan por periodos en los que se alternan una respuesta motora baja con una gran mejoría en esta función".

Estos beneficios se mantienen "independientemente de la edad del paciente y la administración en una única dosis diaria hace que tanto la comodidad como el cumplimiento sean muy altos. Además, la ausencia de interacciones con la ingesta de alimentos y la excelente tolerancia del fármaco resultan muy ventajosas, ya que estamos ante pacientes con patologías asociadas y que en ocasiones consumen un número elevado de fármacos", ha dicho Obeso.

Efecto neuroprotector
La enfermedad de Parkinson afecta a más de diez millones de personas en todo el mundo y en España el número de enfermos alcanza los 100.000. "Los neuroprotectores tienen un papel clave en el retraso de los síntomas y el reto está en emplearlos lo antes posible, incluso con anterioridad a la detección de los primeros síntomas. No obstante, debemos recordar que, de momento, la clave del control de la enfermedad no está en un solo fármaco sino en la combinación de varios agentes capaces de modificar su evolución", ha apuntado José Obeso.